Ayer, gracias a una compañera del instituto, acabé en una fiesta peculiar. A los cinco minutos de llegar, ya estaba con el "puntillo" sólo por respirar el humo que flotaba por toda la casa. Al cuarto de hora, me habían leído el futuro usando el tarot celta (la "adivina" me miró con cara de pocos amigos por mis risas y comentarios y para mí, que por eso me lo pintó tan negro). Y a la media hora...
Me presentaron a un señor que a mí me pareció de lo más normal viendo el panorama. Educado, cortés y simpático, congeniamos enseguida. Empezamos a hablar de temas variados, saltando de uno a otro sin mucho orden y compartiendo algunas risas. Hasta ahí todo normal. Pero una cosa es que congeniemos y otra, que al cuarto de hora escaso de conocernos, comparta conmigo sus preferencias sexuales y me de una charla sobre
BDSM.
Mi primer pensamiento fue
¿Me estará vacilando? ¿Será una broma de mi amiga?. No lo parecía y él se iba animando al ver mi "aparente" interés (que no era otra cosa que shock). Y mientras él seguía hablando de ataduras, juegos de dominación, azotes (¡ay!), confianza y no sé que más historias...
La verdad es que la charla fue educativa, aunque yo estuve gran parte del tiempo pensando
Pero, ¿qué transmito yo para que me pasen estas cosas?.
Al volver a casa, lo comenté con algunas mujeres del blog.
Creo que a la mayoría nos va el sexo "vainilla" (el sexo "normal"), pero, ¿quién no le ha metido un poco de "canela" al asunto alguna vez?