Es que como nadie mueve este blog, dice la pequeña mendieta quintana que le da cosa estar ahí de protagonista eterna del último post hasta ahora.
Pero claro, me acabo de dar cuenta de que no solo hace falta escribir algo, sino que ese algo tiene que ser lo suficientemente largo como para hacer "desaparecer" de la pantalla del ordenador todo o parte del post titulado Identity.
Contaré entonces algo que me pasó ayer mientras iba recorriendo terracitas veraniegas madrileñas hasta llegar a la correspondiente a un bar con un nombre tan sonoro como indudable con respecto a sus propuestas: Bar Astur-Leonés en cuya terraza (la última) había quedado con mi hermanita y unos amigos con una pequeñaja de 4 meses.
Aunque preveía que iba a tomar vasos y vasos de sidra de barril (no tan graciosa como la de botella, pero más fresquita) me fui fijando en las mesas de las terrazas anteriores a la "mía".
En general me percaté de una cosa: la gente cuando se sienta en una terraza y pide algo y encima hace calor, se bebe ese algo de golpe y porrazo y deja los vasos, las jarras, las botellas de lo que sea vacías. Luego están los que pretenden ser más educaditos; a estos se les calienta la cerveza o se les agua la coca cola con los hielos derritiéndose a mil por hora, mientras hablan con la chica de sus sueños a la que quieren impresionar con su saber estar y su cerveza caldorra.
Pero lo más horrible que vi sin duda fue a un señor que se pidió un poleo menta caliente como el infierno en agosto y sin hielo ni nada. Me entraron los sudores de la muerte y me tuve que beber casi de golpe cinco o seis tubos de sidra. maldito poleo menta que me llevó a la perdición.
Ya termino. Besos granizados.